En una sociedad convulsionada por la violencia, deshonestidad, irresponsabilidad, robo en todas sus dimensiones, desintegración familiar, divorcios, abortos, cuyos protagonistas son personas jóvenes en su mayoría; en donde se fomenta el individualismo y poca participación de la comunidad en los problemas sociales, niños abandonados por sus padres, hogares disfuncionales en donde la familia ideal debería estar conformada por ( padre, madre, hermanos, abuelos, tíos, primos) en su mayoría no existe y la realidad es que los hogares, sobre todo en las clases populares, están constituidos de diversas maneras, matrimonios, madre soltera, padre-hijos, concubinatos. ¿Podríamos entonces pensar que estamos ante un sistema social venezolano que modela antivalores? En el Proyecto de País ( 1995), se expone: “La educación no es un proceso solamente escolar...”, se requiere, según el documento, un cambio real de conducta para moldear los valores de niños, jóvenes y adultos” Ramos M.G (2000:69)
Los cambios socioculturales han sido muy acelerados, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX. Estos cambios han sido inducidos por la ciencia y la tecnología, o bien por crisis de valoración en las poblaciones generalmente jóvenes que no encuentran modo de integración en el sistema social. Esto ha traído como consecuencia cambios políticos, económicos, educativos y sociales creando incertidumbres e inestabilidades sobre todo en la familia como estructura social; “una sociedad sin estructuras sociales es un agregado de hombres sin coherencia y sin funcionalidad” Otero, L.( 1965:23) y aquellos valores culturales que creíamos inamovibles se han desmoronado para adquirir otro contexto o dimensión.
Tenemos que plantearnos. ¿Qué rol juega en todo esto la familia? La familia debería asumir el rol como unidad fundamental de la vida humana; es alrededor de ella donde giran la mayoría de los sucesos primordiales de la vida: nacimiento, juegos, la adolescencia, el ingreso a la escuela, el matrimonio el divorcio, la enfermedad y la muerte y es precisamente en ella donde el individuo moldea toda la estructura moral que regirá su conducta y su vida.
La familia es referencia de vida de cada persona en nuestra sociedad; son estructuras complejas en donde se vierten las emociones de los individuos, son filosofías de vida en donde se mantienen los vínculos afectivos y valores y en donde se ponen más a prueba los conflictos humanos. En el seno de la familia se producen procesos básicos: la expresión de sentimientos, adecuados o inadecuados, la personalidad del individuo y patrones de conducta; todo esto se aprende en la dinámica familiar y los que así aprendan enseñarán a su vez a sus hijos, más o menos del mismo.
La familia igualmente es un centro de expresión espiritual (dentro de la súper estructuración del desarrollo). Cuando su integración es positiva, dentro de ellas se generan los valores más íntimos del espíritu: amor, bondad, y toda una serie de expresiones éticas y de felicidad personal; pero al mismo tiempo si no sucede así la familia viene siendo el centro de sufrimiento y malestar más grande del hombre.
Los miembros de una familia tienden a parecerse, no sólo fenotípicamente, sino conductualmente.

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